domingo, 24 de junio de 2012

Cuando la vida se reduce a una irrisoria broma


“Ya hoy la historia no es más que la estrecha hebra de lo recordado sobre el océano de lo olvidado". Palabras estas de Ludvik, hombre a quien la inexorable marcha del tiempo y el omnipresente cambio en la vida hacen que sus pasiones, su ideología, sus miedos, la ignominia, la venganza, e incluso el único amor de su vida, se transformen en una irrisoria broma.

La broma que concibió el ingenio del escritor checoslovaco Milan Kundera, y que nos legó, en 1967, a través de su primera novela –homónima-, una historia en boca de cuatro personajes que, por medio del lenguaje de la experiencia en los predios de la imaginación, que el escritor viste con el traje de las palabras, nos hace sentir las peripecias de un hombre, Ludvik, que se encadena al pasado tenazmente. Cadena cuyo primer eslabón es una irrisoria broma, al que se aunarán los eslabones de la venganza, del amargo amor asolado, del deseo insatisfecho, de la vida que no fue, de la traición, y demás sucesos aciagos que, unos tras otros, sumirán en la ciénaga del no-olvido al hombre cuya existencia se reduce a ese primer eslabón: una irrisoria broma.